Pequeños trucos para cocinar el pescado
¿Cómo calcular las cantidades?, ¿cómo elegirlo en el mercado?, ¿qué especies son las menos calóricas?...
Cocinados con poca grasa y
acompañados de verduras, pescados como la merluza (en la imagen), el
lenguado, la lubina o el rodaballo (entre otros) pueden formar parte sin
problamas de las dietas de adelgazamiento.
Si quieres que las gambas y langostino mantengan un color rosado, cuécelas con piel de cebolla.
Se trata de uno de los alimentos más completos que
existen en nuestra cesta de la compra: aporta proteínas, sales minerales
y vitaminas, además de una cantidad de grasa muy reducida si lo
comparamos con las carnes. ¿Quieres conocer algunos trucos para su
preparación?:
Las cantidades a calcular serán: 150 gramos por
persona si se trata de pescado limpio de espinas y piel. De 200 a 250
gramos con cabeza y espinas, en crudo.
Si se cuece será preferible hacerlo en un caldo corto, esto es: agua, desperdicios del pescado (pieles, espinas, recortes...), cebolla, perejil, zanahoria, laurel, limón, pimienta y un poco de vino blanco. Este caldo debe hervir media hora antes de su utilización.
Si quieres que los pescados azules pierdan parte de su intenso sabor, rocíalos con zumo de limón.
Una forma de hacer ‘más abundante’ el pescado (si disponemos de poca cantidad) es empanarlo.
Para hacer más sabroso el atún, sálalo con sal gorda en crudo y envuélvelo en film transparente. Mételo en la nevera durante 24 horas antes de pasarlo bajo el chorro de agua fría para eliminar la sal. Luego prepáralo como tengas pensado.
Por su bajo valor calórico el lenguado resulta especialmente indicado en regímenes con poca grasa y dietas de adelgazamiento. También aportan pocas grasas, entre otros, el rodaballo, la merluza, el lenguado o la lubina.
A la hora de desalar el bacalao déjalo en remojo 24 horas si está en una única pieza y 12 si se encuentra en filetes. Lo mejor es cortarlo en trozos y poner estos en un colador, que a su vez se meterá en una gran cacerola con agua para que así los trozos no descansen en el fondo de la misma, que es donde va toda la sal.
Cuando vayas a comprar un rape en el mercado, si puedes, elige el de barriga gris, que es de carne más fina que los de vientre blanco.
EL MARISCO:
Cuando a algunos mariscos como la langosta, el bogavante, centollo o nécoras les falta una pata, se deberá tapar con miga de pan o patata cocida antes de cocer o guisar la pieza para que no se descarne.
El caldo que obtenemos al cocer el marisco se puede aprovechar para sopas y arroces. Si ese caldo resulta muy salado, no olvidar rebajarlo añadiéndole más agua.
A la hora de guardar el marisco deberás ponerlo en el frigorífico, pero siempre cubierto con una servilleta o trapo mojado para que no se seque, pues si eso ocurre, tendrá mal aspecto.
Si vas a utilizar gambas o langostinos para decorar algún plato y quiere que estos queden bien rosados, cuécelos con piel de cebolla, que tiene gran poder colorante.
Si se cuece será preferible hacerlo en un caldo corto, esto es: agua, desperdicios del pescado (pieles, espinas, recortes...), cebolla, perejil, zanahoria, laurel, limón, pimienta y un poco de vino blanco. Este caldo debe hervir media hora antes de su utilización.
Si quieres que los pescados azules pierdan parte de su intenso sabor, rocíalos con zumo de limón.
Una forma de hacer ‘más abundante’ el pescado (si disponemos de poca cantidad) es empanarlo.
Para hacer más sabroso el atún, sálalo con sal gorda en crudo y envuélvelo en film transparente. Mételo en la nevera durante 24 horas antes de pasarlo bajo el chorro de agua fría para eliminar la sal. Luego prepáralo como tengas pensado.
Por su bajo valor calórico el lenguado resulta especialmente indicado en regímenes con poca grasa y dietas de adelgazamiento. También aportan pocas grasas, entre otros, el rodaballo, la merluza, el lenguado o la lubina.
A la hora de desalar el bacalao déjalo en remojo 24 horas si está en una única pieza y 12 si se encuentra en filetes. Lo mejor es cortarlo en trozos y poner estos en un colador, que a su vez se meterá en una gran cacerola con agua para que así los trozos no descansen en el fondo de la misma, que es donde va toda la sal.
Cuando vayas a comprar un rape en el mercado, si puedes, elige el de barriga gris, que es de carne más fina que los de vientre blanco.
EL MARISCO:
Cuando a algunos mariscos como la langosta, el bogavante, centollo o nécoras les falta una pata, se deberá tapar con miga de pan o patata cocida antes de cocer o guisar la pieza para que no se descarne.
El caldo que obtenemos al cocer el marisco se puede aprovechar para sopas y arroces. Si ese caldo resulta muy salado, no olvidar rebajarlo añadiéndole más agua.
A la hora de guardar el marisco deberás ponerlo en el frigorífico, pero siempre cubierto con una servilleta o trapo mojado para que no se seque, pues si eso ocurre, tendrá mal aspecto.
Si vas a utilizar gambas o langostinos para decorar algún plato y quiere que estos queden bien rosados, cuécelos con piel de cebolla, que tiene gran poder colorante.
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